economía de mercado
Hace poco leía la entrevista que le hacían a Ha-Joon Chang, economista surcoreano, profesor de Cambridge, en la que afirmaba entre otras cuestiones que los accionistas no defienden los intereses de las compañías, sino sus propios intereses.
Esta es una cuestión sobre la que vengo reflexionando hace bastante tiempo y es evidente que si buscamos la sostenibilidad económica de las empresas lo que hay que hacer, entra en conflicto con los intereses de los propietarios que buscan la máxima rentabilidad en el mínimo de tiempo; solo en algunos momentos ambos intereses pueden estar alineados. Por tanto, si gestionamos una empresa según los intereses de sus propietarios estamos comprometiendo su supervivencia, lo cual es contradictorio y una vez más pone de manifiesto que la búsqueda de los intereses propios no redunda en una mejora para todos, como afirmaba la “mano invisible” de A. Smith.
Otra de sus afirmaciones es que la economía mundial creció más en tiempos del capitalismo regulado. Lo que no queda lugar a dudas es que todas las economías han conseguido despegar cuando la intervención de los gobiernos ha sido mayor, después cuando han adquirido una posición dominante es cuando no necesitan de los gobiernos en la misma medida.
Lo sorprendente, como afirma Chang, es que las economías desarrolladas a través del FMI y del Banco Mundial, han impuesto a las economías emergentes políticas de libre mercado desregulado, con el resultado que ya sabemos, cuando las economías desarrolladas en su desarrollo jamás las habían aplicado. De hecho los países emergentes que mejores resultados están obteniendo ahora y en el pasado, son aquellos que han aplicado un gran pragmatismo al margen de ideologías y por supuesto no llevando la libertad de mercado a sus últimas consecuencias.
Esto me lleva también a otra reflexión para temas más próximos, cuando se plantean cuestiones del tipo de externalizar-privatizar o no, un servicio que está prestando una administración pública, y desde un planteamiento ideológico se considera que es más adecuado o no, me parece un soberano error. En esto tenemos que aprender también del pragmatismo de los orientales y pasar a hacer un análisis serio y riguroso, prescindiendo de ideas preconcebidas fruto de una determinada ideología, y valorar como se está prestando y en base a los resultados de esta valoración adoptar las medidas adecuadas.
Las recetas apoyadas en ideologías viscerales del tipo “cuanto menos gobierno mejor” o contrarias “nacionalicemos todo”, nos llevan a situaciones como la que estamos viviendo en la actualidad.
